Santorini y la Atlántida
      es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Alfontso Mtnez. Lizarduikoa publicado en el nº de GARA del 9 de agosto de 1999.


      Santorini y la Atlántida

      Alfontso Martínez Lizarduikoa. Doctor en Ingeniería. Filósofo

      Uno de los más enigmáticos relatos que nos ha deparado la literatura clásica es el recogido por Platón en su Timeo, en el que narra una historia, oída al parecer en fuentes egipcias, en la que se da cuenta de la existencia en la antigüedad de una gran nación que gobernó las aguas de las costas mediterráneas, que organizó la primera flota marítima que se conoce en la historia de la humanidad, que luchó contra los griegos y que fue, finalmente, engullida repentinamente por el mar, tras una de las mayores hecatombes conocidas en la historia de la humanidad. Aquel fue el pueblo atlante y su territorio la famosa y nunca encontrada Atlántida.

      El considerar a las narraciones míticas como relatos de pueblos prelógicos hoy ya no es una tesis creíble. El descubrimiento de Troya por Schliemann ratificó la veracidad del mito relatado por Homero. El mito del diluvio universal ha sido recientemente descifrado como la ruptura del aislamiento geográfico del mar Negro que se vio inundado repentinamente por las aguas del Mediterráneo, provocando con ello un cataclismo de tales proporciones que aún sigue vivo en la mente y en los relatos de la humanidad. Y en esta línea de pensamiento se encontraba también el arqueólogo inglés Arthur Evans cuando comenzó a excavar en el Egeo.

      Evans sabía por las leyendas griegas de la antigua existencia de una gran civilización talasocrática con base en Creta, pero nadie había tomado hasta entonces seriamente aquellos relatos, y se admitía sin discusión que antes de la formación de Grecia no había existido ningún pueblo significativo en aquel territorio. Evans comenzó sus excavaciones en el año 1900 y prontó dejaría asombrado al mundo arqueológico.

      Primero encontró enterrado bajo el suelo de Creta uno de los más fastuosos palacios de la antigüedad: el palacio de Cnosos. Y aquello fue sólo el comienzo. Extendió sus trabajos de campo a los Balcanes, Asia Menor y sobre todo a las islas ciclódicas del mar Egeo. Ya no existía la más mínima duda. Durante mil años (entre el tercero y segundo milenios antes de Cristo) había florecido en el Egeo una gran civilización, de la que los propios griegos recogerían gran parte de su cultura (mitología, lengua, arte...) A esa civilización desconocida se la denominó "minoica"... en honor a Minos, rey del mar que se cita en el mito de Teseo. Una vez más, al parecer, los mitos se hacían realidad.

      En la década de los cuarenta la historia que hoy narramos comienza a adquirir un aspecto realmente apasionante. Por aquel entonces una expedición científica sueca comenzó a analizar los fondos del Mediterráneo en torno a Grecia, Islas Cícladas y Creta. Este trabajo lo completarían posteriormente investigadores americanos y rusos. Los resultados fueron espectaculares. Existían abundantes estratos submarinos conformados por material acumulado de polvo volcánico de lo que fue, al parecer, una de las mayores erupciones de los tiempos históricos. Por lo que leen los geólogos, en el año 1500 a.C. en la isla de Tira (Santorini) se produjo una gigantesca explosión que triplicó en potencia a la impresionante y referencial del Krakatoa de 1883.

      Santorini tiene hoy la parte central del volcán sumergida bajo el mar, y sólo quedan al aire las paredes de su antigua caldera, convertidas en una zona turística privilegiada del Egeo. Hace unos 3.500 años Tira era una de las islas más florecientes del imperio minoico, por lo que han podido deducir los arqueólogos de los restos recogidos bajo metros de ceniza volcánica en las paredes de la caldera y bajo el mar. Al parecer, aquella civilación colonizó un volcan apagado situando su capital sobre su hueca caldera. Nadie podría jamás haber imaginado lo que luego ocurrió. Tras miles de años de aparente tranquilidad, en los que la presión de la caldera fue aumentando, un día ésta explotó, hundiéndose posteriormente y llevándose a toda aquella extraordinaria civilización al fondo de los mares. Los sedimentos nos relatan con fría crueldad los acontecimientos. La catastrofe fue total. La actividad de aquel extraordinario volcán generó terremotos que, a la velocidad de 20.000 kilometros por segundo, se esparcieron por Grecia y Africa, dejando en su camino todos los palacios de Creta destruidos. A su vez, un colosal maremoto, a la velocidad de 350 km/h y con olas de más de 70 metros de altura, inundó todas las costas del Egeo. Finalmente, aunque más lentamente pero igualmente mortífera, una nube de cenizas de más de 40 kilómetros de altura sepultó para siempre aquella civilización. Algunos supervivientes pudieron llegar hasta Egipto y allí contaron lo sucedido, y tras un viaje de más de tres milenios, su relato (vía Platón) llegó hasta nosotros.

      Las azules aguas de Santorini nos rememoran pues a aquel antiguo pueblo atlante, el último resto de la Antigua Europa, al que algunos científicos relacionan directamente con el Pueblo Vasco. Aquel pueblo minoico, con una cultura de cuevas y megalitos, era un pueblo vital y muy enraizado en la naturaleza, a la cual adoraba. Profundo amante de la música y del baile, hizo del juego con el toro su deporte favorito, y la mujer ocupó un lugar central en su organización social, igual que en nuestro pueblo. Y, además, los genetistas han encontrado una abundancia inexplicable del grupo cero (cromagnoide) en su población. Unas cuantas razones culturales, pues, para hacer turismo a una de las zonas mas bellas del planeta.

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